Diseño y maquetación editorial de «Drácula»

Diseño y concepto: Raquel Perera Cabello

Obra: Drácula, de Bram Stoker.

Proyecto ficticio

Año: 2026

Maquetación de un clásico

Quizás «Drácula», de Bram Stoker, sea una de esas novelas góticas clásicas que todo el mundo conoce (o cree conocer).  Por eso me parecía un proyecto editorial interesante, por su gran impacto en la cultura y sus múltiples adaptaciones a distintos formatos.

En este caso de estudio recojo el proceso completo de diseño y maquetación de esta edición de «Drácula»: desde las decisiones sobre la cubierta y sus acabados especiales hasta los criterios tipográficos del interior, pasando por las ilustraciones de capítulo. 

El punto de partida: qué había que resolver antes de abrir InDesign

«Drácula» es una obra literaria de dominio público, lo que significa que no se parte de cero en cuanto a contenido, pero tampoco hay ventaja en cuanto a diferenciación. Cualquiera puede editar «Drácula». De hecho, hay decenas de ediciones en el todo el mundo, desde las más económicas hasta ediciones de coleccionista con todo tipo de acabados.

Esto cambia el objetivo del diseño: si el texto es el mismo en todas partes, el valor añadido de la edición tiene que estar en la experiencia física y visual del libro.

Por ello, antes de empezar a bocetar, pensé en una lista corta de objetivos que marcó las decisiones del proyecto:

  • Cubierta sutil y moderna, con acabados especiales. 
  • Interior con una retícula clásica, pensada para sesiones de lectura largas.
  • Un sistema de color limitado (prácticamente monocromo + un rojo protagonista) que funcionase como hilo conductor entre cubierta e interior.
  • Ilustraciones de apertura de capítulo que acompañaran sin explicar de más lo que el texto va a contar.
  • Preliminares (portadilla, créditos, índice) tratados con el mismo cuidado que el resto del libro.

Diseño de la cubierta en tapa dura y barniz UVI

Esta es la parte en la que más fantaseo experimentando con acabados especiales (porque hacerlos realidad cuesta un pastón en tiradas cortas). Para Drácula, imaginé:

  • Encuadernación en tela (tapa dura). La tela aporta una textura al tacto que el plastificado no puede imitar, y es coherente con el espíritu de «libro para toda la vida» que buscaba.
  • Título en relieve con barniz UVI. El título «Drácula» está estampado en la propia tela, jugando con la luz: se lee mejor o peor según el ángulo con el que te llega la luz, un efecto casi teatral que le aporta un carácter misterioso.
  • Nombre del autor en composición vertical, en tinta negra, discreto, en el lateral derecho de la cubierta; una solución clásica de encuadernación de biblioteca que aporta seriedad.
  • Cantos de página en blanco, sin tinte de canto impreso o teñido en rojo o negro (una tentación, ya que hoy en día está de moda). 

El diseño del interior: retícula, tipografía y jerarquía

Si la cubierta vende el libro, el interior es el que sostiene la lectura durante las extensas páginas que tiene «Drácula» en esta edición. 

Decidí trabajar con una retícula clásica de una sola columna, con márgenes asimétricos:

  • Margen interior (hacia el lomo) más amplio, calculado para que el texto «no se coma» en el pliegue al encuadernar.
  • Margen exterior más estrecho, calculado para que quepa el pulgar al sujetar el libro abierto.
  • Margen superior estrecho, que separa con claridad el título de capítulo del bloque de texto y da elegancia a la página.
  • Margen inferior amplio, con el número de página alineado siempre al margen exterior.

Para el cuerpo de texto escogí una tipografía serif de estilo clásico, muy legible en cuerpos pequeños y con una estética que casa con una novela victoriana de 1897 sin caer en tipografías góticas ilegibles (esas letras «de terror» que a menudo se usan para el título y que son un error si se usan en el cuerpo de texto).

Para los títulos de capítulo y elementos destacados, empleo una serif con más carácter y un punto dramático, siempre en rojo burdeos —el mismo tono de la cubierta—, de forma que ese color actúe como hilo conductor entre el exterior y el interior del libro.

En toda la maquetación interior solo hay dos colores además del negro del texto: el blanco del papel y el rojo burdeos. Ese rojo se reserva exclusivamente para:

  • Los números de página.
  • Los títulos de capítulo y su numeración en el índice.
  • El nombre «Drácula» en la portadilla y las páginas de ilustración.

Esta decisión cromática cumple una función muy práctica además de estética. Al hojear el libro, el ojo detecta enseguida dónde empieza cada capítulo porque siempre hay un golpe de rojo en la misma posición de página.

¡Con «Drácula» he aprendido mucho!

Diseñar «Drácula» ha sido, sobre todo, un ejercicio de centrarme y elegir sin remordimientos: escoger un solo color protagonista y sostenerlo desde la cubierta hasta el índice, elegir una sola composición para todas las ilustraciones y no salirse de ella, resistir la tentación de llenar de elementos góticos una obra que ya es gótica por sí misma en el texto. Si trabajas en una editorial, escribes tu propia novela o simplemente disfrutas mirando con detalle los libros que tienes en la estantería, espero que este recorrido te sirva como referencia —o al menos como excusa para fijarte un poco más en estos detalles la próxima vez que abras un libro.

info@lapizlazuli.es

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